el cuerno de la abundancia
El cuerno de la abundancia proporcionaba todo aquello que su poseedor necesitaba o deseaba. Se me ocurren dos pequeños cuentos.
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Andrés encontró el cuerno de la abundancia. No sé como, pero un día apareció con el y comenzó a pedirle cosas. Andrés era un sibarita y un gourmand, un glotón. Le pedía los manjares más exquisitos y los devoraba con ojos alucinados. Andrés duró poco. A los pocos meses reventó como una piñata. Su amigo Antón heredó el maravilloso cuerno. Era un elegante. Aparecía cada pocos minutos con un modelo nuevo. Durante un tiempo desapareció. Lo encontraron en el laberinto de su vestidor, momificado. Anastasia, su novia de toda la vida heredó el objeto precioso. Asustada, lo escondió y trató de olvidarse de su existencia, hasta que realmente un día desapareció de su vida porque un ladrón informado lo robó. El ladrón era un obseso de los cachivaches y terminó sus días aplastado por una avalancha de tecnología. El hijo del ladrón, cuyo nombre no recuerdo, lo arrojó al mar desde un barco y allí sigue esperando la próxima glaciación.
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Su hada madrina le entregó el cuerno de la abundancia. Le dijo "Atenderá todas tus necesidades cuando se lo pidas. Conoce lo que realmente necesitas y nunca te hará daño".
Quiso estrenarlo con una cena opípara, pidió manjares deliciosos cuyo nombre nunca he sabido. Esperó. Esperó. Esperó. Y la mesa permanecía limpia. Se fue a dormir con el estómago vacio y la cólera revolviendole el hígado.
A la mañana siguiente decidió probar nuevamente el cuerno. Le pidió el vehículo más veloz y más lujoso. Esperó. Esperó. Esperó. Tuvo que ir caminando hasta su trabajo. Tampoco le disgustó mucho el paseo, porque el tiempo era primaveral y pudo disfrutar del aire y de la vida agitandose.
Finalmente, al volver a casa decidió realizar el último intento. Pidió un palacio con sus jardines como morada. Describió cada habitación, cada mueble, cada parterre. Esperó, esperó, esperó. Ya ni siquiera se enfadó. Pensó que su hada madrina tenía un extraño sentido del humor, depositó el cuerno en un estante y se olvidó de él.
Al cabo de un tiempo, un amigo se fijó en el cuerno. "No sierve para nada y tampoco es bonito, puedes llevartelo si te gusta" y le contó lo que le había dicho su hada madrina.
Cuando volvió a ver a su amigo tenía un aspecto excelente y le preguntó por el cuerno. Le dijo que atendía todas sus necesidades sin ninguna carencia. Le acompañó a su hogar, comprendió inmediatamente que aquella casa era como un vestido bien ajustado para su amigo. Se sentaron a la mesa y el amigo dijo: "Cuerno, necesitamos una buena comida que reponga nuestros cuerpos y nos haga felices al saborearla." Al instante la mesa se cubrió de las viandas. Cuando comenzó a saborearlas supo que eran lo que más deseaba y necesitaba comer en ese momento.
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Andrés encontró el cuerno de la abundancia. No sé como, pero un día apareció con el y comenzó a pedirle cosas. Andrés era un sibarita y un gourmand, un glotón. Le pedía los manjares más exquisitos y los devoraba con ojos alucinados. Andrés duró poco. A los pocos meses reventó como una piñata. Su amigo Antón heredó el maravilloso cuerno. Era un elegante. Aparecía cada pocos minutos con un modelo nuevo. Durante un tiempo desapareció. Lo encontraron en el laberinto de su vestidor, momificado. Anastasia, su novia de toda la vida heredó el objeto precioso. Asustada, lo escondió y trató de olvidarse de su existencia, hasta que realmente un día desapareció de su vida porque un ladrón informado lo robó. El ladrón era un obseso de los cachivaches y terminó sus días aplastado por una avalancha de tecnología. El hijo del ladrón, cuyo nombre no recuerdo, lo arrojó al mar desde un barco y allí sigue esperando la próxima glaciación.
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Su hada madrina le entregó el cuerno de la abundancia. Le dijo "Atenderá todas tus necesidades cuando se lo pidas. Conoce lo que realmente necesitas y nunca te hará daño".
Quiso estrenarlo con una cena opípara, pidió manjares deliciosos cuyo nombre nunca he sabido. Esperó. Esperó. Esperó. Y la mesa permanecía limpia. Se fue a dormir con el estómago vacio y la cólera revolviendole el hígado.
A la mañana siguiente decidió probar nuevamente el cuerno. Le pidió el vehículo más veloz y más lujoso. Esperó. Esperó. Esperó. Tuvo que ir caminando hasta su trabajo. Tampoco le disgustó mucho el paseo, porque el tiempo era primaveral y pudo disfrutar del aire y de la vida agitandose.
Finalmente, al volver a casa decidió realizar el último intento. Pidió un palacio con sus jardines como morada. Describió cada habitación, cada mueble, cada parterre. Esperó, esperó, esperó. Ya ni siquiera se enfadó. Pensó que su hada madrina tenía un extraño sentido del humor, depositó el cuerno en un estante y se olvidó de él.
Al cabo de un tiempo, un amigo se fijó en el cuerno. "No sierve para nada y tampoco es bonito, puedes llevartelo si te gusta" y le contó lo que le había dicho su hada madrina.
Cuando volvió a ver a su amigo tenía un aspecto excelente y le preguntó por el cuerno. Le dijo que atendía todas sus necesidades sin ninguna carencia. Le acompañó a su hogar, comprendió inmediatamente que aquella casa era como un vestido bien ajustado para su amigo. Se sentaron a la mesa y el amigo dijo: "Cuerno, necesitamos una buena comida que reponga nuestros cuerpos y nos haga felices al saborearla." Al instante la mesa se cubrió de las viandas. Cuando comenzó a saborearlas supo que eran lo que más deseaba y necesitaba comer en ese momento.

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