rebelión contra la ciencia
Los científicos y los empresarios hacen de su necesidad la necesidad de todos. No está definitivamente establecido que la ciencia nos hace más libres o más felices. Al menos no sólo la ciencia y no la ciencia en grandes dosis. No está claro que la mayor calidad de vida se deba a los avances farmaceúticos más que a un nivel de higiene mayor y a una alimentación sana. Esto último es barato, lo primero requiere recursos inmensos y la esclavitud continuada de sociedades enteras dedicadas a soportar a la industria. ¿Es más feliz un anciano senil sostenido con vida por constantes transfusiones de drogas o una persona que termina su vida mucho antes con la sensación de haberla completado? El teléfono móvil es nos mantiene permanentemente conectados y localizados, disponibles para las demandas del mundo, por arbitrarias e intempestivas que sean. No es la elite la que tiene que marcar los límites éticos de la ciencia y de su dictadura en la vida cotidiana. Es la gente quien puede rebelarse y generar una nueva ética en la que la ciencia sea colocada en el lugar accesorio y de ayuda que le corresponde. Es la ciencia quien debe esperar a ser preguntada y requerida y no al revés. Saludaré con alegría el día en que la gente tenga el poder para reirse de los orgullosos demiurgos que manejan sus vidas y se alimentan como parásitos de sus esperanzas y miedos. Saludaré con alegría la rebelión contra la ciencia que nos asfixia con una mano y nos da aire con la otra.

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