el silencio y el poder
Algunos, mejor dicho, casi toda la gente piensa que el silencio es muestra de debilidad. La inacción ante la agresividad, que no ante la actual agresión, se entiende como una derrota. Cuando el matón, presunto, se encara, grita y gesticula amenazante como un gallo o como un pavo real, mantenerse callado y quieto se entiende por la gente como la sumisión. Sin embargo, el silente conserva todas sus opciones, mientras que el escandaloso sólo tiene dos: retirarse o progresar hacia mayores violencias. El silencio mantiene todas las potencialidades del agredido a la espera, como un resorte tenso dispuesto a dispararse con toda la energía. En este sentido el silencio es poder contenido. Seguramente, no coincidirá con esta forma de ver las cosas casi nadie, porque se identifica el poder con el ruido y con la carencia de control en la explosión de la ira. Para el común de los mortales, el agresor es quien manifiesta y tiene el poder. Desconocen cual es la energía que puede surgir del silencio y hasta que punto puede, como un tsunami, sumergir lo que se le opone.
Pero también, cuando toda nuestra fuerza no es capaz de cambiar las condiciones que nos hacen sufrir, el silencio es el reducto de la dignidad propia, el lugar donde no somos alcanzados por quien nos oprime, el silencio es la economía de las fuerzas para orientarlas hacia propósitos y objetivos útiles y alcanzables. Ninguna derrota es completa, por eso la historia humana es una cadena eterna de venganzas. A través del silencio llega el tiempo de la retribución o el del perdón. En el silencio se disuelven los rencores en el olvido de sí mismo.
El silencio es un arma que nunca se malgasta ni se agota.
Pero también, cuando toda nuestra fuerza no es capaz de cambiar las condiciones que nos hacen sufrir, el silencio es el reducto de la dignidad propia, el lugar donde no somos alcanzados por quien nos oprime, el silencio es la economía de las fuerzas para orientarlas hacia propósitos y objetivos útiles y alcanzables. Ninguna derrota es completa, por eso la historia humana es una cadena eterna de venganzas. A través del silencio llega el tiempo de la retribución o el del perdón. En el silencio se disuelven los rencores en el olvido de sí mismo.
El silencio es un arma que nunca se malgasta ni se agota.
